12 oct. 2012

Potosí - Patrimonio de la Humanidad


Cambié una noche más en el  pueblo de Uyunui, por un pasaje de bus a Potosí. Aun me estaba adaptando a tener las riendas en mano, pero hice un buen negocio. Mientras esperaba la salida, intentaba concentrarme en otra cosa que no sean los gritos de todas las señoras de las boleterías, que no hacen más que anunciar cada destino en venta, paradas en el medio de la  calle. Se escucha una mezcla de voces que compiten a ver cual suena más fuerte. Imaginen todos estos destinos que suenan a la vez, uno sobre otro y de forma repetida por no menos de 4 o 5 veces, “A Sucre, Suuuucre, Sucre, Sucreeee”, “La Paz, La Paz, La Paz, La pazzzzzz”, “A Oruro, Oruuurooo, Oruurooo, Ooooruuuuuuuurooooooooo”, “A Villazón, Villazón, Vilazóooonnn”, Tupiza, Tupiza, Tupiza, Tupizaaa, Tuupizaaaaa”, “a Potosí,Potosí, Potosí, ya saaleee…” ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Ahahaha!!!!!!!!!!!! ¡¡¡¡Alguien que las apague por favor!!!!

Pero como estábamos con una demora importante, me fui a sentar a la plaza, al menos ahí había otros pasajeros con quien podría charlar. Entre ellos, Marion, una francesa que viaja por América Latina en busca de lugares más orgánicos  y naturales para vivir. Como iba camino a encontrarse con una amiga en Brasil, sólo viajaba a Potosí para conectar con otro bus, pero cuando bajamos en la terminal, le pregunté si no quería quedarse una noche y así fue, nos quedamos juntas, buscamos un Hostel cerquita de la plaza de armas, muy lindo y salimos a almorzar. Tuvimos una charla más que interesante, acerca de los miedos que uno enfrenta al viajar sola y lo vulnerable que nos sentimos al comienzo, pero coincidimos ambas en lo mismo, es sólo tiempo y ganas de enfrentar el desafío, es crecer y fortalecerse. A veces con sólo saber que no es únicamente a mí a la que le pasan estas cosas, me hace bien, tal vez hay quienes piensan en el refrán “Mal de muchos, consuelo de tontos”, pero creo que no. No es una decisión simple de tomar, los sentimientos están a flor de piel, todo nos moviliza el doble, situaciones simples se tornan complejas y generalmente tenemos más preguntas que respuestas. Pero al parecer es algo habitual para los que andamos mochileando o cumpliendo un sueño.

Después del almuerzo nos compramos un café y nos vamos a pasear por el casco histórico, de pasada veo un equipo de mate entre 2 chicos y por las dudas pregunto “¿Argentinos o Uruguayos?”, ¡Argentinos! Respondieron y ahí nos conocimos con Nico y Facu, con quien nos quedamos mateando mientras vendían sus artesanías.

Seguimos por una de las peatonales hasta el mercado de artesanos, una calle colonial, sus paredes en tonos pasteles, adornadas con farolas colgantes, hermosas, un rincón más lindo que otro. Me atraen este tipo de lugares, llaman mi atención, despiertan mis sentidos y me hacen sentir bien, tal vez los colores, las formas, ese no sé qué.



De regreso al Hostel, tuvimos un inconveniente, no recordábamos el nombre del aojamiento, ni el de la calle, ni la altura, ni como llegar, ni nada. Me acordé de pronto parte del nombre del hostal que se encuentra frente al nuestro, entonces, entré en una agencia de viajes y dije, “Disculpe señora, tenemos un inconveniente, no recordamos el nombre ni la dirección de nuestro hospedaje, sé que frente a él hay otro Hostel que se llama algo de “La compañía de Jesús”, ¿usted sabrá que Hostel es y su dirección? Y la solución llegó, por suerte la doña sabía de qué lugar le estaba hablando y pudimos llegar rápidamente. Así que, ADVERTENCIA: Intenten no olvidarse o retener al menos algún dato del lugar en el que están hospedados y si tienen mapa, mejor. Aunque en verdad, es bueno que pasen cosas como estas, ayudan a ejercitar la capacidad de ingenio para resolverlas.

De caminata por ahí, encontramos función de cine de 2x1 e invitamos a los chicos y fuimos a ver un estreno, pero, como soy muy mala para el tema, no recuerdo el título, ni los actores, sólo sé que era de vampiros, así que pochoclos de por medio, nos miramos una peli. ¡¡Ah!! Y una cosa más NO me dormí, todo un logro para mí. Planeamos ir a cenar, pero nos comentan que su Hostel, cierra las puertas a las 23Hs y si no llegan a esa hora, se quedan afuera. Menos mal que surgió ese comentario porque nosotras no sabíamos y casi, que dormimos en la calle. Aca hay muchos alojamientos que cierran la puerta y hasta el otro día, no hay nadie que atienda.

Mañana ellos se van a sucre y Marion se suma. Nos levantamos muy temprano y vamos a pasear otro poco, esta vez, sin mirar el mapa, nos alejamos del centro, las calles en esta ciudad son muy angostas, en algunas sólo pasa un auto a la vez y otras no tienen veredas, las bocinas a la orden del día, antes de llegar a la esquina, tocan bocina por si alguien viene, antes de doblar, lo vuelven a hacer, si te ven cerca del cordón (si es que hay) por las dudas te tocan, si un auto está esperando para cruzar la boca calle, tocan, si un perro está haciendo sus necesidades contra una pared, también tocan y así todo el día. Además de parecer un laberinto, no hay ni una calle en línea recta y todas están en subida (o bajada, claro), la ciudad está situada por sobre los 3900 MSNM, y se hacen sentir, cuesta bastante respirar al estar caminando hacia arriba y te cansas más.

Es la ciudad de los odontólogos, o al menos eso parece, cada cuadra hay al menos un consultorio odontológico, las cholas tienen por costumbre poner oro en el contorno de sus dientes, nunca había visto eso antes, supongo que por eso la cantidad. Llegamos a un monumento desde el que hay una linda vista, pero no sabemos de quién es, porque no había cartel alguno  y la gente que estaba por allí, tampoco sabía. Después de despedir a Marion, regreso al centro, compro unas empanadas y me siento a comerlas en la fuente de la peatonal, un poco de sombra y otro poco de sol, el día está hermoso.



Potosí fue declarada ciudad Patrimonio de la Humanidad por su arquitectura y por la valiosa documentación histórica que guarda en muchos de sus edificios. Entre ellos se encuentra la “Casa de la moneda”, lugar en dónde se acuñaron monedas para España y todo el virreinato, desde que se descubrió el cerro rico y comenzó la extracción de plata, hasta más de 200 años luego. El edificio es muy grande, hay unas 50 salas a visitar, pero por estos meses están en refacciones, por lo que muchas de ellas se encuentran cerradas, aun así visitamos alrededor de 20 salas, la visita guiada lleva alrededor de 2 horas. Hay maquinaria que está restaurada y parece intacta, poder ver tantos siglos de historia de evolución no sólo de la civilización, si no que también de la industria, cómo se pasa de hacer todo de forma artesanal y a pulmón, a incorporar elementos más modernos de producción, hasta llegar a la maquinaria hidráulica de producción en serie. Un gran trozo de historia en medio de la ciudad que fue creada para saquear parte de las riquezas de nuestra américa y para tener control de todo el tráfico de mercancías que se hacían en la región.





En la tarde, al regresar al Hostel, me cruzo con Quique, un Español que hace varios meses, que también está viajando por toda América y nos quedamos charlando un buen rato. Mañana se va a una excursión que recorre las minas y te lleva a conocer cómo las explotan y de qué forma viven los mineros. Particularmente a mí, no me llama la atención este tipo de cosas, por lo que, no hice la excursión y sigo camino a Sucre, dónde acordamos encontrarnos para visitar algunos lugares juntos.

Al llegar a la terminal, se repite el cántico de Uyuni, pero esta vez en una terminal cerrada, con forma de carpa de circo, el eco es aun peor y como justo hay un “bloqueo” en la ruta, más conocido por nosotros como piquete, las salidas de los buses están demoradas y debo quedarme ahí por 2 horas. Finalmente sale el bus, pero al llegar a la ruta nos bajan a todos, tenemos que caminar hasta pasar el bloqueo, ya que del otro lado nos espera otro bus. No hay personas en este bloqueo, solo rocas, piedras, basura, botellas rotas y cubiertas prendidas sobre la ruta. Caminamos 2 kilómetros y ahí sí continuamos viaje.



Claro está que no iba a estar exenta de que estas cosas me pasen en el viaje, si me suceden a diario.

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